domingo, 14 de enero de 2018

La visión del trabajo en el anarquismo moderno

El anarquismo moderno, con sus grandes pensadores y sus enérgicos movimientos, realizó propuestas para la economía y la noción de trabajo, que repasamos hoy en busca de alternativas libertarias para un mundo en el que sigue imperando la explotación de unos seres humanos sobre otros.

Los expertos señalan los distintos sentidos que tiene la noción de trabajo, siendo uno de ellos la idea de "realización humana". Bakunin no diferenciaba al hombre del resto de las especies y quería ver la "necesidad" de vivir trabajando como ley de vida; para el anarquista ruso, el trabajo es garante de la existencia y del desarrollo pleno del hombre. Si algo nos diferencia de los animales es nuestra inteligencia progresiva, por lo que también nuestra capacidad productiva puede serlo. El momento en que el trabajo se hace humano, para el pensador anarquista, es cuando no solo satisface las necesidades fijas y limitadas de la vida animal, sino también las necesidades sociales e individuales del ser pensante y hablante "que pretende conquistar y realizar plenamente su libertad". Esta ingente tarea, que Bakunin define como "ilimitada" corresponde, no solo al desarrollo intelectual y moral del hombre, también forma parte del proceso de emancipación material. Esa liberación de algunas ataduras naturales (hambre, dolor, clima, dependencia del medio...) es liberación parcial del miedo inherente a la existencia animal, algo que tiene una función positiiva al actuar como motor de esa lucha perpetua. Bakunin también quería ver, como continuación a ese miedo existencial, el fundamento de la religión. Es posible, como creemos que sostienen los científicos, que seamos el mismo "animal" que hace decenas de miles de años, y aunque podamos dudar de la mejora intelectual y moral que puede haber tenido el ser humano en ciertos aspectos, el potencial para progresar en todos los ámbitos y para transformar el medio siguen siendo enormes (otra cosa, parece, la voluntad o posibilidades para hacerlo según el contexto en que nos encontremos).

domingo, 7 de enero de 2018

La libertad en el anarquismo como autonomía, creatividad y solidaridad

El anarquismo es tal vez la filosofía vital y política que más complejidad ha aportado a la noción de libertad, íntimamente vinculada con otros conceptos sociales: igualdad, autonomía, creatividad, solidaridad, apoyo mutuo…

La libertad, para el anarquismo, implica necesariamente la igualdad entre los seres humanos. Esa igualdad no se produce por la naturaleza, ni tenemos las mismas capacidades, ni la misma vida, ni el mismo físico, ni actuamos del mismo modo en circunstancias similares. La libertad a la que aludimos parte de esas notorias desigualdades para asumir que todos podemos ser libres cada uno dentro de nuestras posibilidades. Ya Bakunin lo dijo, cuando se refería a "la igualdad por la libertad"; cuando los anarquistas hablan de igualdad se refieren a partir de las mismas condiciones materiales, económicas y sociales, para que uno se desarrolle libremente. Obviamente, hay mucho que hablar sobre la libertad y su vinculación a otras nociones que afectan a las personas, pero es el anarquismo el que más complejidad parece aportar al asunto; no es casualidad que se esfuerce en vivir sin poder coercitivo alguno. El anarquismo coloca la libertad como su preocupación fundamental, por lo que no es casualidad que se defina también como movimiento libertario, ya que se trata de una obvia búsqueda de una vida libre. La libertad, en cualquier caso, en el pensamiento anarquista requiere de ciertas aclaraciones.

lunes, 1 de enero de 2018

La primacia de lo ético sobre lo político en el anarquismo

El anarquismo clásico considera la mejor organización social, en oposición a la regulación por parte de una instancia objetiva externa (el Estado), surgida de la voluntad de individuos libres, autónomos y conscientes con el paradigma de la solidaridad frente a cualquier otro; se trata de una primacía de lo ético sobre lo político.

Aunque, objetivamente, el anarquismo se ve obviamente muy condicionado por Bakunin, a partir del tercer tercio del siglo XIX, las influencias filosóficas son diversas. De hecho, el propio pensamiento de Bakunin, aunque a menudo se le presenta como un heredero de Hegel, uno de los filósofos más influyentes en el siglo XIX, se le puede considerar también como una reacción contra el pensador alemán. Si en un principio, el anarquista ruso formó parte de los círculos de la llamada "izquierda hegeliana", dedicándole incluso elogios desmedidos, llegará un punto en que se apartará de dicha concepción filosófica para, decididamente, apostar por el progreso, la ética y el antiautoritarismo. Es por eso que existen autores que consideran la evolución del pensamiento de Bakunin como una reacción contra Hegel acercándose más a Kant, ya que acabó proponiendo la primacía de las cuestiones éticas sobre las políticas. Al margen de disquisiciones filosóficoas, consideramos que dicha visión forma parte ya para siempre de las señas de identidad del anarquismo. Así, podemos analizar la acción del ser humano desde perspectivas diversas, y dos de las más importantes son la política y la ética. Si la primera remite a la polis, la ciudad, la ética deriva del vocablo griego ethos, que viene a significar una manera de ser, uso, carácter o lugar habitual de la vida. Ambos conceptos se refieren a las acciones buenas y justas, si bien el ámbito de la política sería el social y el de la ética el individual. La política estudia igualmente al hombre, pero como ciudadano y miembro de una comunidad, incluyendo propuestas de vida y organización social, leyes y métodos de reglamentación y control; su objetivo último podría ser la justicia. La ética estudia más bien las normas de comportamiento individual, lo que atañe a la vida y la conciencia de cada uno, por lo que puede decirse que tiene como meta la felicidad. El problema de la organización social se ha visto como un equilibrio entro los dos extremos, el de la ética y el de la política.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Anarquismo, individualismo y cuestión social

Aunque el anarquismo tiene diversas corrientes, y apuesta en cualquier caso por la pluralidad de visiones, puede reducirse a dos: la individual y la colectiva (que, también, podemos denominar "socialista", a pesar la perversión del término debida a sus versiones estatistas). El anarquismo no ha sido nunca, dejémoslo claro, solo una corriente dentro del socialismo, y lo podemos considerar una filosofía vital esforzada en la emancipación en todo los ámbitos de la vida, así como en desarrollar las mejores potencialidades del ser humano.

No hace falta aclarar que el individualismo anarquista nada tiene que ver con el promovido por la sociedad liberal burguesa, y ya Max Stirner dio buena cuenta de este. No olvidemos tampoco a un Godwin, con el que si bien tampoco es posible hablar todavía de anarquismo, sí fue de los primeros en negar la subordinación política, junto a todo tipo de coerción, en nombre de un individualismo racional y de insistir al mismo tiempo en la transformación de la vida social. Resulta curioso cómo, posteriormente, los anarquistas clásicos reivindicaban igualmente, si bien con espíritu inequívocamente antiautoritario, el pensamiento de muchos autores que hay que considerar más cerca del liberalismo. La satisfacción, meramente material e inmediata, del individualismo de la sociedad capitalista en nada se asemeja a un anarquismo que, incluso en sus vertientes más individualistas, apuesta por la solidaridad, la cooperación y la unión libre. Esto implica, e incluso así hay que realizar la lectura de Stirner, a pesar de que nunca se denominara anarquista, una visión igualitaria, una libertad entendida como estrechamente vinculada a lo social; todos somos "únicos", con el derecho de desarrollar nuestras potencialidades, y debemos reconocer eso mismo en los otros. El anarquismo, en una definición tan sencilla como fundamental, lo podemos considerar también como una forma de individualismo solidario. No hay que dejar de lado, en cualquier caso, esa visión del anarquismo como una preocupación fundamental por el individuo, que a pesar de nacer y desarrollarse en sociedad, no debe subordinarse a ningún absoluto: Dios, Nación, Patria, Estado, Empresa, Revolución, Poder…

domingo, 24 de diciembre de 2017

El anarquismo como rechazo de la división social

A menudo, se quiere observar a los anarquistas como fanáticos, opuestos a todo lo establecido; paradójicamente, se sigue señalando como radicales a aquellos que deciden entrar en la participación política del sistema representativo, tal vez sinceros en su deseo de emancipación social. Desde estas líneas, y no en nombre de dogmatismo alguno, rechazamos entrar en ese juego electoral y parlamentario, que abunda en la perversión, el engaño y la división social, y lo hace además con la máscara de una posible transformación social.

A colación de lo apuntado en el texto de entradilla, merece la pena que reflexionemos sobre la condición libertaria. Hay muchas maneras de pensar y vivir el anarquismo, incluso algunas de ellas parecen oponerse entre sí. De esa manera, solo podemos insistir en que el anarquismo, o si se quiere las ideas libertarias, constituyen diversidad y pluralidad. Del mismo modo, y es por ello que insistimos también en la estrecha vinculación entre teoría y acción, hay que rechazar el anarquismo contemplado como una mera especulación intelectual, ya que se trata de un pensamiento vivo en la práctica. De ahí también las dificultades, afortunadas dificultades seguramente, para elaborar una 'identidad' vinculada a lo libertario, ya que existen muchos modos de ser anarquista. Para el caso que nos ocupa, consideraremos sinónimos los términos anarquista (o ácrata) y libertario, aunque resulte muy interesante la matización que se ha hecho en algunas ocasiones; el primero, tendría más connotaciones doctrinarias, mientras que el segundo alude de modo general a la autogestión social. En cualquier caso, el anarquismo no puede considerarse una mera ideología, ya que por tal cosa suele entenderse un sistema de ideas, valores y creencias cerrado, dado de antemano, muy a menudo justificador de la dominación y la jerarquía social. Aunque podemos coincidir con Marx en considerar la ideología como una especie de representación, plagada de ilusiones y falsedades, que enmascara el sistema establecido, no realizamos ese análisis para justificar nuestra propia doctrina "científica" (como hizo el marxismo, que acabo convirtiéndose una vez conquistado el poder, con ayuda de Lenin, igualmente en una ideología).

jueves, 14 de diciembre de 2017

La teoría queer y el anarquismo

Con este artículo, repasamos someramente lo que ha supuesto en los últimos 30 años la teoría queer, con su permanente crítica de la construcción de una identidad sexual ajustada a lo que se considera normalidad social, ya que considera que en ella intervienen factores muy complejos a tener en en cuenta, y su innegable vínculo con un anarquismo siempre propiciador de que las minorías posean sus propios mecanismos de expresión

El término queer viene a significar en inglés "raro" o "extraño", pero que también se utiliza para referirse de modo despectivo a alguien diferente ("maricón" si se refiere a alguien gay, pero puede usarse para alguien simplemente con una conducta que se considera fuera de lo normal). La teoría queer, que tiene mucho que ver con la posmodernidad, considera que las identidades sexuales son en realidad construcciones sociales, por lo que no puede hablarse de que se encuentren instaladas en la naturaleza humana; se rechazan entonces las categorías universales e inamovibles (hombre, mujer, heterosexual, homosexual, transexual…), ya que parten de considerar lo heterosexual como lo aceptable y todo lo demás como anómalo. Por lo tanto, la teoría queer parte de cuestionar una sexualidad dominante que observa la realidad en términos duales enfrentados (hombre/mujer, heterosexual/homosexual…), propiciando mecanismos reguladores de lo que considera normal (lo heteronormativo) e ignorando la complejidad de los factores que intervienen en la construcción de la identidad sexual, donde lo político es también importante. En cualquier caso, la teoría queer recoge diversas interpretaciones de una sexualidad que observa como diversa, por lo que es importante comprender su complejidad; se trata, tanto de una crítica radical de la cultura imperante, pero también todo un movimiento social reivindicativo y emancipatorio, que se inicia en la década de los 80 del siglo XX. Hay así una doble vertiente: la teórica y la activista. Es importante que se comprenda la teoría queer como rabiosamente posmoderna, ya que realiza una permanente crítica a todo lo quiere entenderse como natural e inamovible.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Populismos y visiones libertarias

El sentido histórico del vocablo 'populismo', como amplia corriente de pensamiento emancipador iniciada en Rusia en el siglo XIX, tiene hoy una intención muy diferente; así, se trata de un término empleado con carácter peyorativo, habitualmente para acusar a otras fuerzas políticas dentro de la democracia electiva, pero que esconde el carácter elitista de todas y cada una de ellas, en abierta oposición a su significado original.

La sociedad posmoderna, sin demasiados asideros, nos depara unas cuantas sorpresas sobre el uso del lenguaje. Quizá el más significativo es el (irritante) neologismo conocido como 'posverdad', del que nos ocuparemos en otra ocasión, ya que resulta tremendamente significativo para el análisis que nos ocupa. Uno de los términos más usados, en el mundo político y mediático, es el del 'populismo', que parece haber perdido su significado original, más profundo y transformador, y ser ahora un apelativo de carácter peyorativo aplicado a ciertos fuerzas políticas a uno y otro lado del espectro ideológico. Vendría a ser algo similar a 'demagogia', es decir, la seducción constante de las personas (el electorado) mediante un discurso que aparentemente las favorezca, pero que al parecer sería irrealizable, una mera idealización. Ojo, estoy hablando del sentido despectivo que parecen darle ciertos 'sesudos' partidarios de un (supuesto) pragmatismo político, y que parece recoger de forma somera la Rae en su segunda acepción. En la primera, el diccionario alude sin más a cierta tendencia general a lo 'popular' en los diferentes ámbitos de la vida. No es casualidad, desde ambas acepciones (nada concretas y tendentes a la hipocresía), que la derecha española, en una indefinición ideológica incapaz de superar ciertas formas de fascismo, se acabara denominando Partido Popular.